Hay cosas que no sabía que necesitaba… hasta que llegaron.
Y para mí, una de ellas ha sido esto:
cantar en un coro.
Formar parte de The Barbees no es solo una actividad bonita.
Está siendo, sin buscarlo, una experiencia profundamente transformadora.
No solo por la música.
Sino por lo que pasa dentro.
Aprender a usar mi propia voz
Durante mucho tiempo, como muchas personas a las que acompaño,
sentía que mi voz estaba… de alguna manera contenida.
No porque no hablara.
Sino porque no siempre salía desde un lugar libre.
Y aquí ha pasado algo muy sencillo y muy potente a la vez:
He tenido que cantar.
Sostener una nota.
Afinar.
Escucharme.
Equivocarme.
Volver a probar.
Y poco a poco, sin darme cuenta,
mi voz ha empezado a ocupar su lugar.
No más grande.
No más perfecta.
Pero sí más mía.
Ser “bari”: encontrar tu lugar sin compararte
En el coro soy barítono (bari).
Eso significa que no llevo la melodía principal.
No soy lead.
No soy tenor.
No soy bass.
Soy otra cosa.
Y esto, que parece pequeño, ha sido enorme.
Porque me ha enseñado algo muy profundo:
👉 No necesitas ser la voz principal para ser imprescindible.
Mi voz no brilla sola.
Pero sostiene.
Acompaña.
Da cuerpo.
Y cuando encaja… se siente.
El momento en el que todo se une
Hay un instante muy concreto que me sigue emocionando cada vez.
Estás cantando.
Concentrada.
Respirando.
Y de repente, escuchas a la compañera de al lado:
otra voz, otra línea, otro tono.
Luego otra.
Y otra.
Basses.
Leads.
Tenors.
Y algo pasa.
El sonido se abre.
Se expande.
Se vuelve más grande que cualquiera de nosotras.
Y lo sientes en el cuerpo.
Literalmente.
Una vibración compartida.
Una armonía que no podrías crear sola.
El cuerpo, la emoción… y la voz
En mi trabajo hablo mucho de esto:
De cómo el cuerpo guarda.
De cómo la emoción se mueve.
De cómo necesitamos espacios donde poder expresarnos sin juicio.
Y cantar, para mí, está siendo eso.
Un lugar donde:
- Respiro de otra manera
- Suelto tensión sin darme cuenta
- Me escucho sin exigencia
- Estoy en presente
Y donde algo dentro se ordena.
Sin tener que entenderlo todo.
Más allá de la música: unidad, pertenencia y propósito
Hay algo más.
Y es difícil de explicar, pero muy fácil de sentir:
La sensación de unidad.
De formar parte de algo.
De compartir un objetivo.
De crear algo juntas.
De reírnos.
De equivocarnos.
De repetir una y otra vez hasta que sale.
Y también eso que pasa después:
Te vas a casa…
y la canción sigue contigo.
Te despiertas…
y sigue ahí.
Como una especie de compañía interna que te sostiene.
Por qué creo que cantar es terapéutico (de verdad)
No lo digo desde un lugar técnico.
Ni como “experta”.
Lo digo desde la experiencia.
Cantar en un coro, para mí, está siendo una forma de:
- Regularme emocionalmente
- Salir de la cabeza y volver al cuerpo
- Sentirme acompañada
- Expresarme sin palabras
- Recordar que no estoy sola
Y sobre todo:
👉 sentir que la unidad es mucho más que la suma de las partes
Si algo de esto resuena contigo…
Quizá no tenga que ser un coro.
Pero sí algo donde tu cuerpo, tu voz y tu emoción puedan encontrarse.
Y si te gusta la música… de verdad te diría:
Prueba.
Porque a veces, sin buscarlo,
encuentras espacios que te devuelven a ti.
Si estás en un momento de ansiedad, bloqueo o cambio,
y sientes que necesitas volver a escucharte…
VUELVE A TI. PASO A PASO.
Acompañamiento emocional integrativo para recuperar claridad y calma.
